El cambio también implica perder: aprender a soltar para poder avanzar

Cuando pensamos en cambiar, solemos imaginar aquello que queremos conseguir.

Una nueva etapa.
Una relación diferente.
Un trabajo que nos haga sentir mejor.
Un proyecto personal.
Una nueva versión de nosotros mismos.

Pero hay una parte del cambio de la que hablamos mucho menos:

cambiar también implica perder.

Y quizá por eso algunos cambios nos duelen tanto, incluso cuando sabemos que son necesarios.

Porque no solo dejamos atrás situaciones. A veces dejamos atrás personas, rutinas, lugares, expectativas, vínculos, maneras de relacionarnos e incluso una versión de nosotros mismos que durante mucho tiempo nos ha acompañado.

¿Por qué nos cuesta tanto aceptar los cambios?

Nuestro cerebro busca cierta estabilidad.

Necesitamos referencias, rutinas y cierta sensación de control para sentirnos seguros. Por eso, cuando algo cambia, aunque objetivamente pueda ser positivo, podemos experimentar miedo, ansiedad, tristeza, enfado, incertidumbre o resistencia al cambio.

Y esto no significa necesariamente que estemos tomando una mala decisión.

A veces significa simplemente que estamos atravesando una pérdida.

Puede que estés dejando un trabajo que ya no te hacía bien, pero también estás dejando atrás la rutina que conocías.

Puede que hayas decidido terminar una relación, pero eso no significa que no puedas echar de menos a esa persona.

Puede que hayas comenzado un proceso de crecimiento personal y estés descubriendo que algunas cosas que antes aceptabas ya no encajan contigo.

Puede que estés aprendiendo a poner límites y, al hacerlo, estés perdiendo determinadas formas de relacionarte.

Crecer también puede doler.

No todo lo que dejamos atrás era malo

Esta es una de las partes más difíciles de aceptar.

A veces creemos que, para poder avanzar, tenemos que convencernos de que aquello que dejamos atrás era malo.

Pero no siempre es así.

Puedes echar de menos una relación y saber que no quieres volver a ella.

Puedes recordar con cariño una etapa de tu vida y saber que necesitas cerrarla.

Puedes agradecer lo que una persona te aportó y, al mismo tiempo, reconocer que vuestros caminos ya no continúan juntos.

Puedes sentir miedo ante una decisión y, aun así, saber que necesitas tomarla.

No necesitamos convertir el pasado en algo malo para poder dejarlo atrás.

Podemos reconocer que algo fue importante para nosotros y aceptar que ya no lo necesitamos de la misma manera.

El duelo por lo que cambia

Cuando hablamos de duelo solemos pensar en la muerte de una persona.

Sin embargo, también podemos experimentar procesos de duelo ante muchos otros cambios de la vida.

Duelo por una relación que termina.

Duelo por una amistad que se transforma.

Duelo por una etapa que termina.

Duelo por el cuerpo que cambia.

Duelo por una expectativa que no se cumple.

Duelo por la vida que imaginábamos y finalmente no fue.

Duelo por aquella persona que pensábamos que íbamos a ser.

Y estos procesos pueden generar emociones muy diversas.

Tristeza.
Rabia.
Nostalgia.
Miedo.
Culpa.
Confusión.
Alivio.

Incluso pueden aparecer varias a la vez.

Y no hay nada extraño en ello.

Puedes estar feliz por lo que comienza y triste por lo que termina al mismo tiempo.

Las emociones no siempre necesitan elegir un bando.

A veces no soltamos porque todavía no estamos preparados

Existe mucha presión alrededor de la idea de “soltar”.

“Hay que dejarlo ir.”

“Hay que pasar página.”

“Hay que mirar hacia delante.”

Pero los procesos emocionales no funcionan como un interruptor.

No podemos obligarnos a dejar de sentir algo simplemente porque sabemos que deberíamos hacerlo.

Soltar no significa olvidar.

Tampoco significa que deje de importarte.

Soltar puede significar algo mucho más sencillo:

dejar de luchar contra aquello que ya no podemos cambiar.

Aceptar que algo ocurrió.

Reconocer lo que significó.

Permitirnos sentir lo que nos provoca.

Y poco a poco empezar a construir nuestra vida desde el lugar en el que estamos ahora, no desde el lugar en el que nos gustaría seguir estando.

¿Qué parte de ti se resiste al cambio?

Esta pregunta puede ser mucho más útil que decirnos:

“¿Por qué no consigo avanzar?”

Porque quizá dentro de ti hay una parte que tiene miedo.

Una parte que necesita seguridad.

Una parte que echa de menos lo conocido.

Una parte que todavía espera que algo vuelva a ser como antes.

Una parte que siente que, si avanza, estará traicionando lo que vivió.

En lugar de luchar contra esa resistencia, podemos empezar a escucharla.

Preguntarnos:

¿Qué estás intentando proteger?

¿Qué tienes miedo de perder?

¿Qué necesitas para sentirte seguro en esta nueva etapa?

A veces la resistencia no está intentando impedir nuestro crecimiento.

Está intentando protegernos de algo que percibe como una amenaza.

Y cuando dejamos de luchar contra ella, podemos empezar a comprenderla.

Cómo afrontar los cambios de la vida sin dejar de sentir

Aceptar un cambio no significa sentirnos bien inmediatamente.

Significa poder hacer espacio a lo que sentimos mientras seguimos caminando.

Algunas preguntas pueden ayudarte:

  • ¿Qué está cambiando realmente en mi vida?
  • ¿Qué estoy ganando con este cambio?
  • ¿Qué estoy perdiendo?
  • ¿Qué echo de menos?
  • ¿Qué parte de mí tiene miedo?
  • ¿Qué estoy intentando controlar y ya no depende de mí?
  • ¿Qué necesito aceptar aunque no me guste?
  • ¿Qué quiero llevarme conmigo de esta etapa?
  • ¿Qué necesito dejar atrás?
  • ¿Quién quiero ser en esta nueva etapa de mi vida?

No tienes que responderlas todas hoy.

A veces una sola pregunta puede abrir un espacio que llevábamos mucho tiempo evitando.

Cambiar no significa dejar de ser tú

Quizá uno de los mayores miedos ante un cambio sea pensar:

“¿Y ahora quién voy a ser?”

Porque nuestras experiencias construyen nuestra identidad.

Somos hijos, parejas, amigos, profesionales, cuidadores, estudiantes, padres, madres, personas que han vivido determinadas historias.

Y cuando una de esas piezas cambia, podemos sentir que también cambia nuestra identidad.

Pero cambiar no significa perderte.

A veces significa conocerte de una manera diferente.

Descubrir qué quieres ahora.

Qué necesitas.

Qué límites tienes.

Qué ya no estás dispuesto a sostener.

Qué valores quieres cuidar.

Qué relaciones quieres construir.

Qué lugar quieres ocupar en tu propia vida.

La nueva versión de ti no tiene por qué borrar a la anterior.

Puede integrarla.

No necesitas tenerlo todo claro para avanzar

Quizá una de las trampas del cambio sea pensar que primero tenemos que sentirnos preparados y después dar el paso.

Muchas veces sucede al revés.

Damos un pequeño paso.

Sentimos miedo.

Nos adaptamos.

Volvemos a sentir incertidumbre.

Damos otro paso.

Y poco a poco descubrimos que somos capaces de habitar una vida que antes nos parecía desconocida.

No necesitas saber exactamente hacia dónde vas para empezar a caminar.

A veces solo necesitas saber qué dirección ya no quieres seguir.

El cambio también implica perder

Y quizá podamos empezar a mirar el cambio desde un lugar diferente.

No solamente desde:

“¿Qué voy a conseguir?”

Sino también desde:

“¿Qué estoy dejando atrás?”

Porque reconocer la pérdida nos permite darle un lugar.

Y cuando podemos reconocer lo que duele, quizá dejamos de exigirnos estar bien demasiado rápido.

Puedes avanzar y echar de menos.

Puedes elegirte y sentir tristeza.

Puedes cerrar una etapa y agradecerla.

Puedes soltar y seguir queriendo.

Puedes cambiar y seguir siendo tú.

Quizá avanzar no sea olvidar lo que dejamos atrás

Quizá avanzar sea poder mirar hacia atrás sin necesitar volver.

Reconocer lo vivido.

Agradecer lo aprendido.

Llorar lo que tenga que ser llorado.

Aceptar aquello que ya no podemos cambiar.

Y comenzar, poco a poco, a construir espacio para lo que viene.

Porque el cambio no consiste en dejar de sentir lo que sentimos.

Consiste en aprender a escucharlo, comprenderlo y caminar con ello.

Y quizá la pregunta no sea solamente:

“¿Qué tengo que cambiar?”

Sino también:

“¿Qué necesito aceptar, soltar y dejar atrás para poder avanzar?”

A veces, crecer no consiste en convertirnos en alguien completamente diferente.

A veces consiste simplemente en dejar de aferrarnos a quien fuimos cuando esa versión de nosotros ya no necesita seguir sosteniendo nuestra vida.


Si estás atravesando un cambio y sientes que te está costando más de lo que esperabas, no significa que estés haciéndolo mal. Algunos cambios necesitan tiempo, espacio y acompañamiento. Pedir ayuda también puede formar parte de aprender a avanzar.

Hay cosas que arrastramos y que no siempre sabemos nombrar

Empezar un proceso terapéutico puede ser ese espacio para parar, entenderte, ordenar lo que estás viviendo y comenzar a cuidarte de una manera diferente. No tienes que esperar a estar peor, a tenerlo todo claro o a saber exactamente qué te ocurre para pedir ayuda.

A veces, el primer paso simplemente es decir: «Creo que necesito un espacio para mí».