¿Por qué recurro a la comida si sé que no me hace sentir bien?

Esta es una de las preguntas más frecuentes en terapia.

La respuesta suele sorprender.

Porque la comida no siempre busca alimentar el cuerpo.

En ocasiones intenta cuidar aquello que nadie nos enseñó a cuidar emocionalmente.

La comida puede convertirse en una forma de:

  • Calmar la ansiedad.
  • Desconectar del estrés.
  • Aliviar la tristeza.
  • Tapar el vacío emocional.
  • Premiar después de un día difícil.
  • Castigarnos cuando sentimos culpa.
  • Recuperar una sensación de control cuando todo parece desbordarnos.
  • Evitar emociones que resultan demasiado intensas.

Desde fuera puede parecer «falta de control».

Desde dentro suele ser un intento de supervivencia emocional.

Y eso cambia mucho la mirada.

Alimentación emocional: cuando comer deja de tener que ver con el hambre

La alimentación emocional no significa que cada vez que comemos exista un problema.

Todos utilizamos la comida de forma emocional en algunos momentos.

Celebramos con comida.

Compartimos momentos importantes alrededor de una mesa.

Nos reconforta una receta que nos recuerda a nuestra infancia.

Eso forma parte de la vida.

El conflicto aparece cuando la comida se convierte en la principal estrategia para regular lo que sentimos.

Cuando es prácticamente el único recurso disponible para aliviar el malestar.

Entonces la comida deja de ser el problema.

Y pasa a ser el intento de solución.

La historia que construye nuestra relación con la comida

Nuestra relación con la alimentación empieza mucho antes de que aprendamos qué son los hidratos o las proteínas.

Empieza en la infancia.

Empieza con las frases que escuchamos.

Con los cuerpos que vimos.

Con los comentarios recibidos.

Con aquello que aprendimos sobre el valor de nuestro aspecto físico.

Quizá hayas escuchado frases como:

  • «Si te portas bien, hay postre.»
  • «No repitas, que vas a engordar.»
  • «Has adelgazado, qué bien estás.»
  • «Hay que ganarse la comida.»

O quizá aprendiste que mostrar emociones era complicado, pero comer siempre estaba permitido.

Todo eso va dejando huella.

Y muchas veces seguimos viviendo desde esos aprendizajes sin ser plenamente conscientes.

¿Y si este fuera el momento de empezar a mirarte de otra manera?

Si al leer este artículo has sentido que algo de lo que cuento también habla de ti, quizá no necesites seguir esforzándote más. Quizá necesites empezar a comprenderte mejor.

No tienes que recorrer este camino en soledad.

Si quieres trabajar tu relación con la comida, con tu cuerpo o con tus emociones desde un enfoque psicológico, humano y respetuoso, estaré encantada de acompañarte.

También puedes unirte a nuestros talleres y cursos, donde encontrarás un espacio seguro para aprender, compartir y construir una relación más amable contigo.

📍 Puedes encontrarme en Instagram en @ahora_respira, donde comparto contenido sobre bienestar emocional, autoestima, alimentación y relación con el cuerpo.

📞 Si prefieres hablar directamente conmigo, puedes llamarme o escribirme por WhatsApp al 637 72 88 65 (Miriam).

Respirar, comprender y cuidarte puede ser el primer paso hacia un cambio que no nazca de la exigencia, sino del respeto hacia ti.