Señales de alerta de la anorexia: lo que padres y adolescentes deben saber
La anorexia nerviosa no comienza de un día para otro. Muchas veces se instala de forma silenciosa, disfrazada de hábitos “saludables” o cambios “normales” de la adolescencia. Pero detrás de esas conductas pueden esconderse mucho sufrimiento y una profunda desconexión con el propio cuerpo.
Reconocer las señales tempranas puede hacer una gran diferencia. La detección y el acompañamiento oportuno son claves para la recuperación.
Señales físicas que pueden pasar desapercibidas
- Pérdida de peso rápida o progresiva, sin una causa médica clara.
- Fatiga constante, mareos frecuentes o desmayos.
- Sensación de frío, incluso en ambientes templados.
- Cambios en la piel, cabello o uñas (resequedad, caída, fragilidad).
- En mujeres: ausencia de menstruación o irregularidades hormonales.
Cambios en la relación con la comida
- Evita ciertas comidas o grupos alimenticios (grasas, harinas, azúcar).
- Obsesión por contar calorías o leer etiquetas nutricionales.
- Saltarse comidas con excusas (“ya comí”, “no tengo hambre”, “me siento mal”).
- Comer en soledad o con ansiedad, y desarrollar rituales al comer.
Cambios emocionales y comportamentales
- Miedo intenso a ganar peso, incluso con un peso corporal bajo.
- Se mira al espejo y se percibe “gorda” aunque no lo esté.
- Se aísla de amigos, evita reuniones familiares o sociales con comida.
- Cambios de humor, ansiedad, tristeza o irritabilidad frecuente.
Para padres: cómo acompañar sin juzgar
Es normal sentir miedo, culpa o confusión. Pero lo más importante es crear un espacio seguro, sin reproches, donde tu hijo o hija se sienta escuchado. Frases como “Estoy aquí para ti”, “Me preocupa cómo te estás sintiendo” o “Podemos buscar ayuda juntos” pueden abrir una puerta.
Evita hablar del cuerpo o del peso. En su lugar, enfócate en el bienestar emocional. La anorexia no es una elección: es una señal de que algo más profundo necesita ser atendido.
Para adolescentes: no estás solo/a
Si sientes que la comida, tu cuerpo o el espejo se han vuelto una fuente constante de angustia, mereces ayuda. Hablar con alguien de confianza, un adulto, un psicólogo o incluso un amigo, puede ser el primer paso hacia el alivio.
Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de valentía. Tu cuerpo no es tu enemigo. Y tú no estás solo/a en esto.
Recuperarse es posible. Cuanto antes se inicie el proceso, más sólido será el camino hacia el bienestar.
Si tú o alguien cercano necesita apoyo, no dudes en contactarnos. Estamos aquí para ayudarte. Puedes llamarnos o escribirnos al 637 72 88 65. La escucha y el acompañamiento son el primer paso hacia la recuperación.


