
El pasado 30 de noviembre, la Plaza del Altozano se convirtió en algo más que un espacio público: se transformó en un lugar donde cabían la emoción, la vulnerabilidad y la esperanza. Allí celebramos el Acto de Visibilización de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), un encuentro que nació para poner voz a una realidad que demasiadas personas viven en silencio.
Un acto que nace de una historia real
Quiero contaros algo importante: este acto no nació solo de mi trabajo como psicóloga.
Nació de una proposición íntima, humana y profundamente valiente.
Esta actividad fue creada junto a una de las familias que acompaño, pero su raíz, su impulso más genuino, vino de una de mis pacientes.
Por eso hoy quiero dedicar un agradecimiento muy especial a Marta.
Marta, esta iniciativa nace de tu historia, de tu fuerza y de esa valentía silenciosa que a veces no se ve, pero que sostiene cada paso.
Gracias por atreverte a transformar tu lucha en un espacio que abraza a otras personas.
Gracias por recordarme —y recordarnos— que pedir ayuda también es un acto de amor, y que compartir lo que duele abre caminos para que las miradas se vuelvan más humanas.
Hoy estamos aquí porque tú decidiste que tu proceso podía ser luz.
Gracias por confiar, por impulsar y por crear esta oportunidad para hablar, para sentir y para acompañarnos.
Tu gesto nos recuerda que incluso en mitad de la batalla se puede sembrar algo hermoso.
Un comienzo desde el corazón
Abrimos el acto con unas palabras que nacieron de un lugar muy profundo para mí.
Quería que todas las personas presentes recordaran que los TCA no son un problema de comida, ni una elección, ni cuestión de fuerza de voluntad. Son trastornos emocionales que suelen nacer del dolor, de la autoexigencia o de heridas que no encontraron otro modo de expresarse.
Quería que la plaza se convirtiera en un espacio seguro donde, aunque fuera por un momento, nadie tuviera que esconder lo que siente.
La música que nos acompañó
La música fue un puente imprescindible durante toda la tarde, creando momentos de calma, conexión y emoción:
🎵 Sergio Plaza – “Y te diré”
Su interpretación nos permitió abrir el acto desde la sensibilidad y la presencia.
Testimonios que nos recuerdan que no estamos solos
La lectura de testimonios fue, sin duda, la parte más íntima y humana.
Escuchar palabras reales de personas que están o han estado en esta lucha, así como de sus familias, llenó la plaza de verdad y de valentía.
Cada testimonio fue un acto de generosidad.
Cada silencio, un recordatorio de que el dolor compartido pesa un poco menos.
Más música que sostuvo la emoción
🎵 Bea Contreras – “90 minutos”
Una interpretación llena de sensibilidad, perfecta para acompañar un momento tan delicado.
🎵 Iván Ortega Conesa – “Angels”
Una canción que habla de acompañamiento, de sostén… y que resonó profundamente en todas las personas presentes.
El Manifiesto de Visibilización
Uno de los momentos centrales fue la lectura del Manifiesto de Visibilización de los TCA, donde reivindicamos:
- El reconocimiento de los TCA como enfermedades complejas que merecen ser vistas y escuchadas.
- La necesidad urgente de más recursos públicos, más especialización y más prevención.
- Una sociedad que deje de juzgar los cuerpos y comience a educar en diversidad, respeto y salud mental.
- Y algo esencial: la recuperación sí es posible, pero no se debe hacer sola.
Ver la reacción de quienes escuchaban, sentir el silencio respetuoso, fue uno de los momentos más conmovedores del acto.
Un cierre musical muy especial
🎵 Noé Vargas – Canción original inspirada en los TCA
Noé cerró el acto con una canción creada especialmente para este día.
Una pieza que hablaba desde dentro, compuesta desde la empatía y la sensibilidad.
Todo esto se cerro con una dinámica para reflexionar juntas y juntos
Preparamos una dinámica con pancartas reales, creadas a partir de pensamientos que muchas personas con TCA llevan por dentro.
Invitamos a quienes asistieron a acercarse, leer, escribir mensajes y palabras de apoyo que se han llegado a la UTCA o simplemente observar.
Ver a tantas personas interactuar con esos mensajes fue un recordatorio precioso de cuánto necesitamos espacios así: reales, cuidados, humanos.
Gracias por estar, por escuchar y por sentir
Al finalizar, solo podía sentir agradecimiento.
A quienes vinisteis.
A quienes compartisteis vuestra historia.
A quienes escuchasteis en silencio.
A quienes acompañáis, sostenéis o buscáis ayuda.
A los músicos que regalaron su sensibilidad.
Y, de nuevo, a Marta, por encender esta chispa.
La recuperación existe.
La esperanza existe.
Pedir ayuda es un acto de valentía.
Y nadie merece vivir esta lucha en soledad.
Gracias por convertir una plaza en un espacio seguro.
Gracias por formar parte de este camino más humano y compasivo.
De corazón: gracias.


